CAPÍTULO 67: UNA NOCHE INTENSA
Esta vez Ricardo ni siquiera se molesta en asegurarse de que no haya nadie. Me empuja con fuerza a uno de los cubículos del baño y nos encierra a los dos. Mi pecho sube y baja acelerado, le miro, pero lo desconozco, es como si no fuese él.
—Ricardo, ¿qué estás…? —No dice nada. La intensidad fiera en su mirada me deja perpleja y sin palabras. Podría cortar la tensión s3xual que crece entre nosotros con un cuchillo.
Sin dilatarlo más, Ricardo se lanza a mis labios,