- ¿A dónde vas? - solté mientras me sostenía del asiento por el movimiento brusco que hacía el viejo vehículo al pasar por los baches que tenían las calles gastadas del pueblo al que nos habíamos metido.
-Lejos de esos mafiosos de segunda- dijo doblando una vez más en otra esquina. - ¿Ya se fueron? -me preguntó gritando, me volteé a mirar por el vidrio trasero.
-Sí, ya se fueron- exclamé desilusionada.
Parecía que sí, que los habíamos perdido porque no había rastros de ellos por ningún lado.