Mirando hacia la ventana comencé a llorar en silencio, para no molestarlo, no quería más problemas. Ya habían pasado unos cuarenta minutos desde que habíamos salido de la ciudad y aún no parecía que íbamos a detenernos en algún lugar. Ya me imaginaba en otro país.
Me limpié las lágrimas y me giré hacia él.
-Tengo que ir al baño- mentí.
Él no contestó y siguió manejando con la vista al frente.
-Pablo- lo llamé- ¿Acaso quieres que orine sobre el vehículo?
-Realmente no me importa, cuando lleg