Cuando llegué a la oficina, estaba completamente furiosa. La forma en que Omar había tratado a Martín seguía dando vueltas en mi cabeza, haciéndome hervir de rabia. Sin embargo, sabía que debía enfocarme en mi trabajo. No podía dejar que él viera cuánto me afectaba.
Apenas crucé la puerta, escuché su voz resonar con esa frialdad característica.
—Al fin la princesa se dignó a venir —dijo, sin molestarse en levantar la vista de su escritorio, mientras tocaba su reloj de manera deliberada—. El hor