Han sido dos días intensos, agotadores. Omar no dejaba de ser insoportable conmigo. Desde su llegada, parecía empeñado en hacerme la vida imposible, y lo peor era que no podía entender por qué me trataba de esa manera. Cada vez que cruzábamos palabras, sus comentarios eran fríos y despectivos, y a menudo parecía disfrutar al señalar cualquier pequeño error que cometiera.
Lo que más le molestaba, sin duda, era que no cumplía con las ocho horas diarias de trabajo. Yo, por supuesto, siempre había