El vestíbulo de entrada se había llenado muy rápido.
Emilio miró a su abuela. Luego a Carolina detrás de ella. Luego a la niña que sostenía la mano de Carolina, quien observaba todo en el vestíbulo con la tranquila curiosidad de una niña de tres años que encontraba el mundo interesante y aún no había aprendido a preocuparse por él.
—¿Qué es esto? —preguntó.
Su abuela se enderezó.
—Carolina y Cecilia se quedarán aquí por el momento. Ya lo he arreglado.
—Tú has… —Se detuvo. Respiró hondo—. Lo a