Me quedé callada. Las palabras de Luca me clavaron como espinas en el corazón. Tenía razón. Había respondido con dudas, y esa duda fue suficiente para que él apartara la mirada hacia la ventana.
—Luca —dije en voz baja.
No respondió.
—Mírame.
Siguió sin volverse.
—Hablo en serio. No dudé porque todavía quiera a Ethan. Dudé porque no dejas de acusarme.
Se giró. Sus fríos ojos azules me miraron con intensidad.
—¿Crees que me gusta estar siempre desconfiando, siempre celoso, siempre con miedo de p