La reunión continuó, y el ambiente empezó a calentarse. Uno de los socios comerciales de Luca, un hombre gordo con bigote espeso y una camisa blanca demasiado ajustada, comenzó a oponerse a la propuesta presentada. Podía ver cómo se tensaba la mandíbula de Luca. Sus dedos, que antes tecleaban con calma en el portátil, se detuvieron. Sentí su pecho tenso contra mi espalda.
—Señor Vitale, esta cifra es demasiado alta —dijo el hombre gordo con voz grave—. No podemos aceptar un acuerdo con un marge