No pude dormir esa noche. Mis pensamientos no paraban de dar vueltas, pensando en mi futuro incierto.
Cuando finalmente me dormí, soñé con el quirófano, con pacientes moribundos, con el comité de ética acusándome de culpable. Desperté con un sudor frío en la frente y el corazón latiendo con fuerza.
A la mañana siguiente, me levanté temprano. Fui corriendo al armario y abrí el cajón donde guardaba mis documentos importantes: el título, el acta de nacimiento, las cartas de despido. Todos los docu