—No te confíes tanto —dije.
Mi voz aún era ronca, aún baja, pero lo suficientemente clara para hacer que Luca se quedara callado.
Me miró con esos fríos ojos azules.
—¿Que no me confíe tanto? —repitió.
—Te miraba porque llamas la atención, no porque te quiera.
—¿Y qué diferencia hay?
—Hay diferencia. Puedo mirar a un desconocido en la calle porque es guapo, pero eso no significa que lo quiera.
Luca sonrió. Esa sonrisa que me daban ganas de golpearlo.
—¿Así que crees que soy guapo?
—Luca…
—Dijis