Me quedé callada. Mi voz aún dolía, mi garganta aún ardía.
—¿Sabes cuántas mujeres desearían estar en tu lugar? Mujeres guapas, ricas, respetables, que harían cualquier cosa por ser la esposa de Luca Vitale. Besarían el suelo que pisas.
Seguí callada.
—Serafina aún me espera. Sigue con la esperanza de que vuelva a ella. Todavía me quiere. ¿Y tú? Tú ni siquiera sabes si me quieres o no.
Me mordí el labio.
—Te lo he dado todo. Incluso me he humillado ante ti. ¿Y tú? Aun así no te importa. Aun así