Estaba sentada en una silla lujosa en el salón de banquetes de ese hotel de cinco estrellas, recostada con el cuerpo aún débil. Ese hermoso vestido color esmeralda se sentía como una armadura que aprisionaba mis movimientos. Las joyas de diamantes en mi cuello y mis orejas se sentían pesadas, como cadenas que me recordaban que era la esposa de Luca Vitale, una muñeca bonita que debía sonreír en público aunque por dentro estuviera destrozada.
Luca estaba sentado a mi lado. De vez en cuando su ma