Me quedé callada un momento. Mis ojos miraban la ventanilla del coche, viendo pasar rápidamente las luces de la ciudad de Milán. Había sentido una calidez en el pecho hace un rato. Cuando Luca eligió aquellos zapatos rojo granate. Cuando estuvo a mi lado en la tienda de cosméticos, vigilando a la maquilladora con expresión seria. Cuando dijo "preciosa" con esos ojos que realmente me veían.
Pero ¿por qué tenía que admitirlo? ¿Por qué darle la satisfacción de saber que podía hacerme feliz?
—Norma