—Ahora a la zapatería —dijo Luca mientras ya me sacaba de la tienda de bolsos.
—Luca, ya está bien. Ya tengo bolsos.
—Necesitas zapatos para cada bolso.
—Puedo usar los zapatos que ya tengo.
—Tienes tres pares de zapatos. No es suficiente para la esposa de Luca Vitale.
Suspiré. No servía de nada resistirse. Luca ya había puesto su expresión testaruda que tanto conocía. Una vez que decidía algo, nada podía detenerlo.
Entramos en una zapatería de lujo al otro lado. Una pared de cristal exhibía hi