El coche se alejó de Roma, dejando atrás el bullicio de la ciudad que comenzaba a llenarse de tráfico. Miré por la ventana, viendo cómo el paisaje cambiaba de edificios altos a extensas zonas verdes. El viaje a Milán duraría varias horas, pero no me aburría. Mi mente estaba demasiado ocupada para aburrirse.
La Universidad de Medicina de Milán.
Nunca imaginé que iría allí. Antes, cuando aún estudiaba en Estados Unidos, había leído sobre esta universidad. Una de las mejores facultades de medicina