Luca se levantó cuando terminó. Su cuerpo aún estaba mojado por el sudor, el agua de su cabello y sus propios fluidos que escurrían lentamente por su vientre y su pecho. Yo seguía sentada en el borde de la cama con el cuerpo paralizado, la mirada fija en el suelo porque no podía soportar mirarlo.
Pero Luca no fue al baño a limpiarse.
Caminó hacia mí.
—Mírame, Camila —dijo.
Negué con la cabeza.
—Mírame.
Seguí con la cabeza baja, pero los dedos de Luca tocaron mi barbilla. Levantó mi rostro, obli