El coche avanzaba rápidamente atravesando la oscuridad de la noche en la Ciudad de México. Las farolas parpadeaban a lo lejos, pero dentro del coche, el ambiente se sentía tan intenso. Camila seguía recostada en el asiento trasero, abrazando a su bebé envuelta en la chaqueta de Luca. La pequeña ya se había calmado, con los ojos cerrados, su pecho subía y bajaba con una respiración regular.
Luca estaba sentado junto a Camila, sus manos aún temblaban por la adrenalina y la emoción. Miró a Camila