Camila gritó histéricamente, sus manos que sujetaban el cabello de Luca se apretaron aún más. Un dolor insoportable se extendía desde su vientre por todo su cuerpo. Las contracciones llegaban una tras otra sin descanso, y sentía que su cuerpo se iba a despedazar.
—¡No puedo! ¡No puedo más! —gritó, con lágrimas y sudor corriendo por su rostro.
Luca soportó el dolor en su cabeza, pero no se inmutó. Se mantuvo en su posición, intentando calmar a Camila, que ahora parecía una mujer poseída. Sus ojo