Regresamos a Sicilia unos días después, no para quedarnos, sino para arreglar algunos asuntos pendientes. Luca quería asegurarse de que todos los trámites con el pequeño hospital estuvieran resueltos, y yo quería ver con mis propios ojos cómo estaba después del ataque.
Cuando llegamos, noté algo diferente de inmediato. El hospital seguía en pie, pero había mucha gente reunida frente a él. Vi algunos camiones y maquinaria pesada, y tuve un mal presentimiento.
—¿Qué pasa? —le pregunté a Luca.
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