A la mañana siguiente, estaba de pie frente a la puerta de la casa, mirando a Luca, que ya llevaba puesto su traje. Su maleta ya estaba en el maletero del coche negro que lo llevaría al aeropuerto.
—Volveré lo antes posible. No voy a permitir que mi padre destruya nuestro matrimonio.
—Confío en ti, Luca.
—Besó mi frente—. Te amo, Camila. No lo olvides.
—Yo también te amo.
Lo abracé con fuerza, sintiendo el calor de su cuerpo por última vez.
—Te esperaré.
Se soltó de mi abrazo y subió al coche.