Apuñalé el waffle con más fuerza de la necesaria, observando cómo el tenedor atravesaba el pan blando con una satisfacción cruel.
Es su cara, pensé con amargura, clavando el tenedor otra vez.
Bastardo arrogante, engreído, manipulador… Otro pinchazo… Monstruo exasperante.
Había estado de mal humor todo el día. Desde que se había reído conmigo como si fuéramos dos personas normales teniendo un entrenamiento normal, y luego había amenazado a mi hermana como si yo no fuera nada.
La cocina estaba en silencio. Estaba sentada sola en la barra; mis waffles ya estaban fríos, empujando la comida por el plato y fingiendo que tenía sentido estar tan furiosa con alguien que acababa de amenazar todo lo que me importaba.
—Tu postura de combate antes fue impresionante.
Levanté la vista y me encontré con la criada que me había despertado la mañana de mi llegada. Era una mujer mayor, quizá de unos cincuenta años, con ojos amables y una sonrisa cómplice.
Una sonrisa se abrió paso en mi rostro sin pedir