Verónica despertó sintiéndose somnolienta y un poco desorientada. No entendía el motivo, nunca se había despertado tan aturdida después de horas de sueño. Pero cuando intentó moverse, un dolor en su bajo vientre la detuvo de seguir haciendo movimientos que le provocarán más dolor.
Trató de hablar, pero se le dificultaba hacerlo, tenía la boca seca y moría de sed, además de sentir náuseas. Asustada por la debilidad en sus músculos y la fatiga que sentía, movió la cabeza intentando encontrar una