Veinte días después
A Verónica le picaban los ojos por el deseo de llorar al ver la mirada de pena que su amiga le daba, pero había derramado tantas lágrimas durante esos días, que no creía posible que pudiera derramar una más. Le dolía tanto el corazón, que estaba al creer que era cierto que se podía morir de amor.
—Cada vez que entro por la puerta de esta habitación me digo que tendré las palabras justas para borrar la tristeza que sientes, pero luego te veo y se me olvida todo, lo siento, so