William estaba inquieto. Verónica había accedido a la cena, pero había pasado veinte minutos después de la hora acordada y no llegaba. La expectativa de si iba a llegar o no flotaba en el aire. La mirada de todos en el jardín pasaba de la entrada hacia él cada vez que se escuchaban pasos y terminaba siendo un empleado. Estaba seguro de que su familia rogaba más que él que apareciera su esposa. Estaban al tanto que se había preparado todo el día para ese encuentro y sería una desilusión total si