Capítulo 41. Entregados.
Guillermo deslizó una mano bajo la blusa de Stella, acariciando su piel suave como si fuera un lienzo que merecía ser explorado con devoción. Ella arqueó la espalda, ansiando más contacto. Sus respiraciones se volvieron erráticas, atrapadas en el torbellino de una pasión desbordante.
De repente, un ruido en los arbustos cercanos los sobresaltó. Se separaron abruptamente, con los corazones acelerados. Un ciervo salió de entre la vegetación, los miró por un momento con indiferencia y luego se ale