Capítulo 24. Verdades a media.
Axel, sentado junto a la barra todavía con el vaso de whisky en la mano, se quedó mirando a la mujer con los ojos entrecerrados, pero antes de poder responderle, habló ella sin poder ocultar su alegría.
—¡No puedo creer que seas tú! —preguntó Miranda, cuyos ojos verdes brillaban con entusiasmo.
Axel entrecerró los ojos, estudiándola en silencio por un momento antes de responder.
—Miranda —dijo, finalmente, su tono controlado, sin rastro de emoción, aunque manteniendo la necesaria cortesía—, muc