Capítulo 15. Todas las mujeres de la familia desaparecieron.
El sol caía implacable sobre la costa, reflejándose en la pintura reluciente del auto deportivo que Alicia conducía con precisión calculada. Las olas del mar se agitaban en el horizonte, creando un ritmo acompasado que contrastaba con los latidos acelerados de su corazón. La brisa marina acariciaba su rostro, pero no lograba disipar las nubes de pensamientos oscuros que la perseguían.
A su lado, Lola sonreía ampliamente, levantando las manos, mientras pegaba grititos de emoción, disfrutando de