El jardín de la mansión nunca había lucido tan hermoso. Luces colgaban de los árboles como estrellas capturadas. Flores blancas —rosas, peonías, lirios— formaban un arco sobre el altar improvisado. Y música suave flotaba en el aire cálido de la tarde.
Pequeño. Íntimo. Perfecto.
Exactamente como Valeria había soñado.
Marina lloraba discretamente en primera fila, sosteniendo a Dmitri en su regazo. El bebé vestía un traje diminuto, su cabello oscuro peinado hacia un lado. Gorjeaba felizmente, compl