El enemigo
La bodega del navío pirata olía a brea, pescado rancio y humedad confinada. Valerius permanecía tendido sobre una mesa de madera tosca, sujeta al suelo con cabos gruesos para evitar el balanceo que provocaban las olas exteriores. El cirujano del barco, un lobo tuerto con los dedos manchados de grasa y nicotina, terminó de aplicar el hierro candente sobre la herida del omóplato. El olor a carne quemada inundó el espacio estrecho, provocando que Sia se llevara la mano a la boca para contener las n