El estallido en el piso superior hizo que varios bloques de piedra cayeran directamente en el foso de arena. Valerius sintió el impacto en el suelo y, aunque la ceguera no lo dejaba ver el desastre, el lazo de la manada le transmitió una punzada de dolor insoportable que venía de su propia sangre. El canal mental con Selene se apagó de golpe, dejando una estela de silencio que le heló el pecho.
—¡Selene! —aulló Valerius, y sus garras de marfil se hundieron en la arena, desesperado por la falta