Valerius levantó la cabeza con una lentitud que heló la sangre de los marineros presentes. La mandíbula del guerrero se tensó de tal forma que un crujido sordo resonó en la cubierta.
—Vuelve a pronunciar el nombre de mi hermano en mi presencia, pirata, y te aseguro que este barco entrará al puerto del sur arrastrando tu cadáver como carnada para los tiburones —le advirtió Valerius, y su tono de voz descendió a una frecuencia tan baja que las tablas del suelo parecieron vibrar—. Ella no entregó