—Te ves cansada —comentó Damien mientras me acariciaba la cabeza, con sus dedos deslizándose suavemente entre mis cabellos enredados.
Sus ojos azules me observaban con preocupación, reflejando el cansancio que debía ser evidente en mi rostro.
—Siempre logras cansarme, no te puedo seguir el ritmo —mencioné con una ligera sonrisa, disfrutando de la calidez de su tacto.
Sus caricias siempre tenían el poder de calmarme, aunque mi cuerpo aún temblaba ligeramente por la intensidad de nuestra recie