33. Yo no soy como ella
El Ala del Harén estaba cargada de murmullos cuando Lana entró con la bandeja en las manos. La seda negra del uniforme de sirvienta se pegaba a su piel y cada tintineo del cinturón de cascabeles era como un recordatorio de la humillación que Eryx había decidido imponerle. Ella mantenía la mirada baja, aunque sentía el peso de todas las concubinas sobre su cuerpo.
Intentando disimular la rigidez de sus pasos. Había aprendido a no mostrar debilidad, a bajar la mirada cuando sentía la presión de l