33. Frágil
—No —repitió Caius con la voz baja, ronca y profundamente masculina—. No voy a dejarte ir, no ahora, no nunca.
Sus ojos ahora ardían con una intensidad que hacía que fuera difícil respirar.
No era solo posesividad, era devoción rayando en la desesperación.
Ella se había lastimado porque él no había sabido cómo comportarse, el corte que ella misma se había hecho era para salvarlo de sí mismo. Ese pensamiento le retorcía las entrañas y lo tenía tenso.
Zoe lo miró en silencio, su mano seguía en