154. Pertenecerse uno al otro

Lana lo sintió antes de despertarse sintiendo su llamado y abrió los ojos lentamente.

Eryx ya estaba despierto.

Lo encontró recostado de lado, apoyado en un codo, observándola en la oscuridad. Sus ojos verdes brillaban reflejando la mínima luz que se colaba por las cortinas.

Ella no dijo nada al principio y él solo la miró como si estuviera memorizando cada detalle de su rostro en ese instante exacto.

Lana sintió que el aire se volvía más intenso.

No porque se sintiera cohibida con su mirada
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