133. La profecía está completa
Lana se tensó de inmediato, el calor del beso que Eryx Ale había dado frente a todos aún estaba sobre sus labios, pero ignoró la sensación al ver a una hembra hermosa mirándolos.
Eryx no se movió, su mirada seguía fija en la de ella como si quisiera volver a ese espacio íntimo que acababan de crear y que solo habían saboreado unos segundos, la mano que aún descansaba en el muslo de Lana no se apartó, pero sus dedos se cerraron con más fuerza, posesivos, como si el simple hecho de soltarla fuera