El eco de la palabra, “¡Rechazo!,” tardó una eternidad en disiparse en el vasto salón del Territorio del Río Dorado, para el resto de la asamblea, fue el sonido limpio y predecible del deber triunfando sobre el destino futuro, para Aiden, fue el impacto de dos fuerzas cósmicas colisionando dentro de su pecho: la liberación y la condena, en un mismo instante brutal.
Aiden no se movió, su postura de “Lobo de Acero y Hielo” no era ya una pose; era el único ancla que lo mantenía cuerdo mientras el