El dolor psíquico que unía a Lía y Aiden había cedido, dejando un vacío helado y una verdad expuesta, Aiden seguía postrado, su cuerpo un monumento a la humillación de su linaje, Lía acababa de dictar sentencia: la cobardía de Aiden había facilitado la conspiración, la escena estaba congelada, esperando el próximo movimiento, y ese movimiento no vino de la Beta con el poder latente, ni del estratega observador, sino del forastero, el lobo de la elección.
Ethan había permanecido en silencio dura