Marcada pero Prohibida
Marcada pero Prohibida
Por: PerezPonce
Cambio de jaula.

El maldito chirrido de las bisagras sin aceitar me adivierte que ella está ahí. 

Abro los ojos , ruedo la vista . 

—Escucha holgazana mañana lista a las 6,es veintidós de enero—dice,y siento su mirada agria sobre mí. 

El veintidós de enero parece ser una fecha importante para ella. Lleva semanas mencionándolo entre susurros y llamadas extrañas que interrumpe apenas entro a la habitación.

 Supongo que otra vez se trata de uno de esos chequeos médicos absurdos que me impuso desde hace años, según ella por mis migrañas.

Aparto la manta con rabia , me siento de golpe 

—¿Holgazana? Ivana son las dos de la mañana... 

—No me importa niña—me corta , desesperada. 

Me castiga con su mirada maquiavélica y se despide con un portazo que sacude hasta la pared, el alma se me enfría . 

Me cubro otra vez, intentando reconciliar el sueño .

Mis ojos se cierran, lentamente.

De pronto esa música del infierno,las bisagras ,esta vez se escucha seco ,lento. 

—Muévete de una vez —gruñe desde la puerta—. No pienso llegar tarde.

Ruedo los ojos, aunque termino obedeciendo. No tengo fuerzas para discutir tan temprano.

La única herencia que mi padre dejó antes de morir en aquella petrolera miserable fueron mis malditos genes pelirrojos y a Ivana como madrastra. 

Una combinación capaz de arruinarle la vida a cualquiera.

Avanzo hacia la cocina y la espero,mi estómago vacío ruge del hambre,pero sé que no recibirá nada , así que tomo mi bolso y me conformo con un vaso de agua .

‎—Vamos anda .—chilla a mis espaldas cerrando de una vez.

‎Treinta minutos después vamos dentro de un taxi que atraviesa avenidas demasiado elegantes para dirigirnos al hospital local. 

Observo por la ventana intentando reconocer el camino, pero cada calle me resulta desconocida. 

El conductor apenas habla; solo mira el retrovisor constantemente, como si quisiera asegurarse de que sigo ahí.

La sensación desagradable en mi estómago empeora.

—¿A dónde vamos exactamente? —pregunto.

Ivana no responde.Solo aprieta un poco más su bolso.

Nos detenemos frente a una construcción enorme iluminada por luces fluorescentes,es demasiado perfecta para ser un hospital común,parece un hotel antiguo disfrazado de club privado.

Sobre la fachada hay un cartel negro con letras plateadas que forman un nombre:“Para ti”.

Frunzo el ceño.

Ivana se inclina hacia el taxista y le susurra algo al oído. El hombre me observa lentamente, recorriéndome con una expresión que me eriza la piel. Luego asiente y aparta la vista.

—Vamos —ordena ella, sujetándome del brazo con más fuerza de la necesaria.

Entramos.El lugar está extrañamente vacío. No hay enfermeras, ni conversaciones, ni pasos.Esto no es un hospital,es algo más .

Antes de que pueda preguntar algo, una mujer de cabello rizado y vestido rojo aparece detrás de unas cortinas.

—Ivana, tardaste —susurra con una tensión qué me pone nerviosa—Se va a molestar.

Mi madrastra evita mirarme.Algo dentro de mí se quiebra.

—Escucha, Alissa… yo… lo siento, pero tenía que hacerlo —murmura entre dientes antes de retroceder.

Su expresión no es de control,ni frialdad,parece algo más ...culpa .

Parpadeo confundida.

—¿De qué estás hablando?

Ella no responde,ni siquiera me mira , pareciera que no logra sostener su propia decisión. Así que desaparece detrás de las cortinas junto a la mujer del vestido rojo.

Mi corazón se despedaza dentro de mi pecho.

—¡Ivana! —grito—. ¿Qué significa esto? ¡Ivana!

Nadie contesta.Solo el eco de mi propia voz muriendo en el pasillo.

La mujer regresa segundos después con una expresión extraña.

—Ven conmigo, cariño —dice con suavidad—Ya no puedes hacer nada.

Retrocedo un paso.

—¿Qué está pasando?

Ella no responde. Solo toma mi mano y me conduce por un pasillo estrecho hasta una habitación cerrada.

Entonces lo entiendo demasiado tarde.La puerta se cierra con llave.Mi respiración se acelera.

Dos chicas jóvenes entran apresuradas. Una sostiene maquillaje y accesorios; la otra carga un secador y varias cajas pequeñas. 

Ninguna se atreve a mirarme directamente.

La mujer del vestido rojo coloca un elegante vestido negro sobre la mesa.

—Dense prisa —ordena en voz baja—. A él no le gusta esperar.

Siento un escalofrío recorrerme la espalda.

—¿Quién? —pregunto apenas—. ¿De quién hablan?

Las chicas intercambian miradas incómodas.

—Eres muy bonita —susurra la mujer, bajando la cabeza—. Lo siento muchísimo.

El miedo empieza a aplastarme el pecho,no veo ventanas ,puertas abiertas,nada.

Mi silueta se refleja apenas sobre un espejo enorme,mi rostro está embadurnado de maquillaje y mi pelo sujetado por una peineta de jazmín.

Parezco preparada para una cita.O para una subasta.La chica más alta me toma del brazo.

—Camina —dice casi en un susurro.

—No… espera… ¿Dónde está Ivana? ¡Quiero verla!

Nadie responde.

Me llevan hasta una habitación al final del pasillo y golpean dos veces la puerta.

—Entra —ordena una voz grave desde el interior.

Las chicas me sueltan y desaparecen.

Trago saliva mientras empujo torpemente,debo huir,pero no sé cómo ,los nervios me vencen finalmente.

No veo nada ,la oscuridad envuleve todo ,solo una mezcla de alcohol y perfume caro me guía hasta sabe Dios dónde.

Avanzo,mis mareos recurrentes hacen que todo tiemble a mi alrededor y tropiezo con algo, siento una sombra que se mueve y me vigila.Me sacudo,la puerta se cierra de golpe.

—Odio esperar —dice la voz nuevamente.

Cuando la oscuridad se retira, entonces lo veo.

Un hombre algo maduro permanece sentado al borde de la cama observándome como si acabaran de entregarle algo que ya le pertenece. 

Lleva un traje oscuro perfectamente ajustado y la camisa parcialmente abierta sobre el pecho.

De pronto se pone de pie ,y da palmaditas sobre la cama .

—Acércate.

Retrocedo instintivamente.

Su mirada desciende por mi cuerpo sin el menor pudor y siento ganas de vomitar.

Corro hacia la puerta, logro abrirla apenas y termino escondiéndome bajo una mesa cercana mientras intento contener los sollozos.

Escucho pasos bruscos.

La mujer del vestido rojo entra acompañada por las chicas.

—¿Dónde demonios está? —ruge el hombre.

El silencio se vuelve insoportable.

—Señor Iblack… lo siento… no volverá a pasar —titubea la mujer.

Escucho un golpe seco,luego otro.

Mi corazón late tan fuerte que creo que van a encontrarme solo por el ruido.

—Si no sale en diez segundos, la mataré —dice él con absoluta calma.

Una de las chicas empieza a llorar,me cubro la boca con ambas manos.

Empieza la cuenta regresiva y un disparo estalla en el aire.El grito de la chica me atraviesa el pecho.

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