Perdiendo el control.

Mis ojos se llenan de lágrimas mientras observo su cuerpo desplomarse sobre el suelo cubierto de sangre.

—La siguiente será peor —advierte Iblack.

Salgo temblando de debajo de la mesa antes de que vuelva a disparar.

Él sonríe.

No es una sonrisa normal,es la sonrisa de alguien acostumbrado a destruir personas.

Entonces ocurre,una bala atraviesa la ventana de repente,los vidrios explotan y los disparos comienzan afuera.

Escucho gritos,pasos acelerados,más disparos.Todo se convierte en caos.

Me arrojo nuevamente al suelo mientras intento cubrirme la cabeza.

La mujer del vestido rojo cae cerca de mí, herida, apenas respirando.

—Alissa… escucha… —balbucea con dificultad—. Mi nombre es Alessara Veyra… yo soy la verdadera dueña de este lugar.

Mis manos tiemblan,mi alrededor se encoje.

Ella saca unos documentos manchados de sangre desde el interior de su chaqueta y los empuja hacia mí.

—Ahora te pertenece a ti… nunca regreses con Ivana… nunca…

—¿Qué? No… espere…—la interrumpo.

Tose sangre.

—El veintidós de enero debía desaparecer… pero llegaste demasiado tarde…

—¿Qué estás diciendo?

—No hay tiempo,me espera un vuelo, Teníamos un acuerdo… tú ocuparías mi lugar. Él necesitaba a alguien para—hace una pausa , vuelve a toser—Eres muy codiciada...yo…ya estoy cumpliendo con mi parte , adiós.

Su cuerpo se levanta con dificultad y huye.

Supongo que no haya sobrevivido por las condiciones en las que se encuentra.

Me quedo congelada,mi mente intentando procesar sus palabras, las escrituras tiemblan entre mis manos.

El ruido de los disparos se apagan poco a poco hasta desaparecer.El silencio posterior resulta peor.

Iblack desapareció,el lugar es un desastre.

Intento ponerme de pie cuando una mano surge desde la oscuridad cercana.

—Psst… ven conmigo.

La voz ronca provoca un escalofrío brutal en mi cuerpo,levanto lentamente la vista.

Y entonces lo veo,unos ojos azules intensos.

Peligrosamente hermosos.

Mi corazón se detiene por completo.

—¿Quién eres? —pregunta, pero mi mente sigue atrapada entre disparos, sangre y oscuridad ,ya no recuerdo ni quién soy.

Mi garganta está seca y mi corazón late a mil por segundo.

—Ali... —me detengo de golpe—. Alessara Veyra, señorita Veyra —digo.

El hombre frente a mí observa los documentos en mis manos antes de mirarme directamente. No parece sorprendido por nada.

Sonríe apenas.

—Bien. Soy Magnus —dice con tranquilidad, mirando alrededor—. Las demás huyeron. No diré que estás aquí, pero debes irte ahora mismo.

Reacciono mirando la maleta que lleva. No sé quién es, qué hace o por qué está aquí, pero no soy quién para saberlo. Niego con la cabeza.

—Soy... soy...

—Es hora —me corta, mirando su reloj de mano.

Sus ojos recorren mi rostro una última vez antes de girarse y desaparecer entre las sombras del pasillo.

Me quedo ahí, sola, en medio de la oscuridad y el sabor amargo de todo lo ocurrido. 

Un mareo leve me hace divagar unos segundos, hasta que me incorporo.

Entonces llega la chica más baja.La misma que evitaba mirarme mientras me preparaban.

—¡Oye!... soy Lyanna Ashveil, la sobrina de Alessara. Te ayudaré. A cambio... no me eches jamás de aquí —suplica, acomodando su cabello rubio tras la oreja.

La observo durante varios segundos sin entender cómo mi vida acaba de convertirse en esto.

Hace apenas unas horas tenía una casa miserable, migrañas constantes y una madrastra insufrible.

Ahora sostengo las escrituras de un burdel cubiertas de sangre.

Asiento.No tengo fuerzas para confiar en nadie… pero tampoco opciones. 

Poco a poco siento la sangre fluir con libertad a través de mi cuerpo; el aire se vuelve pesado, como si algo dentro de mí se estuviera rompiendo y reconstruyendo al mismo tiempo. 

Cierro los ojos con fuerza, intentando mantenerme en pie mientras el caos sigue devorando todo a mi alrededor.

Entonces lo entiendo demasiado tarde: ya no hay vuelta atrás.

...Cinco años después…

—Señora Veyra, el cliente de la habitación doscientos once quiere a la misma chica otra vez —dice una voz fastidiosa detrás de la puerta.

Me giro con desagrado y blanqueo los ojos.

—¡Ay, cariño, ya sabes qué hacer! —le ordeno. Mi vestido fucsia se mueve al viento y me acomodo tras mi escritorio.

Dorian ha sido mi brazo izquierdo por años, literalmente por años. Cuando decidió salir del clóset encontró refugio aquí,mucho antes de que este lugar se convirtiera en un imperio clandestino disfrazado de lujo y placer.

No fue fácil moverlo de lugar, pero no ser encontrada por ese maldito del demonio me hizo forjar mi propio imperio.

A Dorian, ateo, rechazado y atravesado lo definirían mejor.

—Señora Veyra... la buscan —insiste

La puerta se abre apenas y su cabeza aparece por la rendija.

Enarco una ceja y levanto la vista.

Rasco mi cabeza,este maldito lugar solo acumula deudas y más deudas .

—Se toca, Dorian de m****a —gruño, estrello el bolígrafo contra la mesa y me pongo de pie.

Él desaparece. Me paro en la puerta,sin éxito, regreso.

Cuando alzo mi vestido elegante y me acomodo a mi trono, la puerta rechina. Los guardias saben qué hacer si se acerca Iblack o Ivana, así que no hago mucho caso.

—Señorita Veyra —dice… pero mi mente se desconecta y se va.

Viaja, viaja a hace cinco años, a unos ojos azules.

—Señora Veyra —corrijo de inmediato, aunque mi voz sale mucho más temblorosa de lo que quisiera.

Él entra y se acomoda en la silla sin ser invitado.

—Yo... quién... —titubeo, volteando a los lados.

—No se preocupe, tranquila —me interrumpe.

Siento que el tiempo a mi alrededor se ralentiza.

—¿Magnus? —dudo, no logro mantenerme cuerda.

Él asiente y lanza fajos de billetes sobre el escritorio. Mis ojos se abren.

—Seré claro, ¿sí? Le propongo un trato, un contrato —carraspea—. Un acuerdo formal donde por un año vivirá bajo mi mismo techo a cambio de diez fajos más como este.

Ni siquiera puedo deducir la cantidad de billetes de uno; no me imagino cómo serían diez más.

—Si todo sale bien, cuando termine el año recibirá diez más —chilla, acompañando sus palabras seductoras con otro fajo.

No digo nada, solo suspiro y sostengo su mirada.Nada en esta vida viene gratis. Mucho menos hombres como él.

—Yo... no... ¿por qué? —averiguo; su presencia, su dinero, todo me sofoca.

Justo ahora que necesito más el dinero que respirar 

—No hay detalles. Un simple contrato, un montón de dinero. ¿Qué dice? —insiste. Su mirada segura me pone nerviosa.

—¿Por qué ahora? ¿Por qué no hace cinco años?¿Por qué a mí?—dudo, mi mente da vueltas como un carrusel roto.

Él se detiene un segundo, como si eligiera cada palabra.

—Porque hace cinco años eras diferente —dice finalmente—. Te encontré en medio del caos… pero Iblack ya había tomado control del lugar. Cuando intenté volver por ti, ya te habían desaparecido.

Trago saliva.

—Te estuve buscando desde entonces —añade—Tú ...eres especial,di que sí y explicaré el resto.

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