Elizabeth.-
Echo una mirada al desastre de oficina que Bastián y yo acabamos de dejar mientras intento recuperar el ritmo normal de mi respiración, sonriendo satisfecha… muy satisfecha.
— Espero que nadie nos haya escuchado –rompo el silencio con mi cabeza apoyada sobre su pecho.
— No creo que haya nadie y si lo hubo, que se aguanten. Somos los dueños y estamos casados –dice abrazándome pegándome más a su cuerpo –. Me encantó esta sorpresa –sonrío embobada de amor por él.
— Me alegra que te hay