Elizabeth. -
Llegué a la mansión dónde nos tenían recluidas desde hace ya una semana. Miraba mi reloj y por lo menos hice un buen tiempo, con la respiración agitada, después de ejercitarme por más de una hora por la cancha de atletismo acondicionada para todas las candidatas. Me derrumbé, sentándome en uno de los escalones mientras me esforzaba por recuperar el aliento. Inhalando lentamente y botando el aire por la boca. El frío de la mañana de Chicago comenzaba a calarme los huesos, por lo qu