Bastián. -
Observaba a mi nuevo dolor de cabeza comiendo muy cerca de donde estaba sentado, ya me estaba acostumbrando a su presencia, pero eso jamás lo diría ante otros. Noto como sus orejas se levantan y comienza a ladrar moviendo la cola.
— ¿Y ahora qué te pasa, pulgoso? – Corre hasta la puerta y ladra desesperado. Luego, gemidos.
— ¡Hola pequeñín! Me alegra que aún sigas vivo – Escucho la voz de mi hermana, cuando me acerco la veo arrodillada rascando la barriga del cachorro regalado.