Bastián.-
Estábamos en mi oficina revisando las imágenes de seguridad del hotel, efectivamente se vio un hombre acercándose a Teressa y como le rocía en el rostro el ácido.
— Ese hombre es un profesional, ninguna cámara pudo enfocar bien su rostro –comenta mi asistente.
— Ya había estudiado donde se ubicaban las cámaras, eso fue fríamente calculado.
— ¿Pero quién pudo hacer algo así tan espantoso? –Elizabeth se sentía aturdida, su corazón estaba lleno de nobleza. En su mente no cabía la pos