Sofía empujó la puerta de su habitación, dejando que la suave luz de la mañana se colara dentro. La casa olía ligeramente al champú de Jasmine y al aroma persistente del café. Se detuvo un momento, respirando el ambiente, y luego vio a su amiga en el sofá, envuelta en una manta, con la mirada perdida en la pantalla parpadeante del televisor.
—Buenos días —dijo Sofía suavemente, sentándose a su lado.
Jasmine levantó la vista, con una sonrisa pequeña tirándole de los labios.
—Hola.
—¿Dónde estaba