Sofía empujó la puerta de su habitación, dejando que la suave luz de la mañana se colara dentro. La casa olía ligeramente al champú de Jasmine y al aroma persistente del café. Se detuvo un momento, respirando el ambiente, y luego vio a su amiga en el sofá, envuelta en una manta, con la mirada perdida en la pantalla parpadeante del televisor.
—Buenos días —dijo Sofía suavemente, sentándose a su lado.
Jasmine levantó la vista, con una sonrisa pequeña tirándole de los labios.
—Hola.
—¿Dónde estabas cuando regresé? —preguntó Sofía con delicadeza, arqueando una ceja—. No estabas aquí.
Jasmine se encogió de hombros, metiendo las piernas bajo la manta.
—Fui a la playa. Necesitaba despejarme. Pensar en mi vida, supongo.
Sofía asintió, dejando que el silencio flotara unos segundos antes de hablar de nuevo.
—¿Te sientes mejor?
Jasmine dejó escapar un sonido bajo, incierto.
—Eh… No sé si mejor. Solo estoy tratando de no derrumbarme.
Sofía le puso una mano en el hombro, suave.
—¿Denzel ha intenta