El reloj sobre la barra marcaba las 2:07 a.m. Las luces del club eran más suaves ahora, los últimos clientes se iban dispersando en la noche como hojas cayendo de un árbol. Sofía salió de detrás de la barra con su bolso colgado al hombro, el familiar dolor en sus pies un recordatorio obstinado de que acababan de pasar horas de trabajo. Su maquillaje se había atenuado con la noche, su uniforme olía ligeramente a vino derramado y perfume. Se sentía agotada y extrañamente eléctrica, como te siente