El club vibraba con energía, el bajo retumbaba en el pecho de Sofía mientras se movía por la abarrotada zona VIP con botellas en mano. Las luces bailaban sobre las copas brillantes y el murmullo de los clientes adinerados flotaba en el aire. Acababa de entregar una ronda de bebidas cuando notó a Belinda girando sobre la plataforma elevada, su cuerpo hipnótico bajo el foco. Los billetes de dólar caían como lluvia mientras Harvey se reclinaba en su silla de cuero, el centro de su séquito, con los ojos pegados a cada movimiento de Belinda.
Sofía no prestó mucha atención al principio, acostumbrada a la escena familiar de VIPs y bailarinas. Pero Harvey tenía una presencia que exigía ser notada. La forma en que inspeccionaba la sala, la facilidad con la que controlaba su entorno, hacía que fuera difícil ignorarlo.
Belinda estaba en su salsa, deslizándose y girando provocativamente, su risa mezclándose con las risitas bajas de Harvey mientras él le arrojaba más billetes. “Te gusta eso, ¿eh?”