Cap. 68: No puede mandar en los sentimientos.
La luz del amanecer se filtraba por las cortinas a medio cerrar.
Amelia aún dormía, enredada en las sábanas, el cabello revuelto sobre la almohada, con una expresión de calma que contrastaba con todo lo vivido.
Iker la contemplaba en silencio, embobado por la forma en que su pecho subía y bajaba con cada respiración tranquila.
No se movió de inmediato. Acercó una mano despacio y le acarició la mejilla, luego el hombro desnudo.
Ella murmuró algo entre sueños, se giró hacia él y lo abrazó por la