Cap. 61: No me importa que sea mi hermano.
Amelia no se movió. La sangre le hervía.
—¿Disculpa?
—¡Maldita! —gritó Berenice, levantando la mano como si fuera a golpearla.
Pero Amelia fue más rápida. Le sujetó la muñeca con fuerza y la apartó de un empujón.
—¡Atrévete a tocarme y te vas a arrepentir! —espetó con los ojos brillando de furia—. ¡Yo no traje a Iker a la vida de nadie! Fue el destino, ¿acaso pensabas que un secreto así se podía mantener oculto?
Berenice intentó hablar, pero Amelia no la dejó.
—¿Crees que yo sabía algo? ¡Yo tam