Cap. 60: ¡Tú eres la culpable!
—¿Mi medio hermano?
La frase se le clavó como un cuchillo. Intentó incorporarse, pero apenas movió el cuerpo, un dolor punzante le atravesó la pierna. El monitor cardiaco comenzó a pitar con un ritmo irregular.
—¡Ah! —soltó, llevándose la mano al muslo, apretó los dientes, la respiración se le cortó—. No... no puede ser...
El sudor le perlaba la frente. Las sienes le latían con fuerza. Sentía que el mundo giraba a su alrededor, borroso.
Sarah, se quedó petrificada al verlo retorcerse de dolor.